16/02/2020

Temas

ASAMBLEA GENERAL

«Protección del clima mundial para las generaciones presentes y futuras»

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CONSEJO DE SEGURIDAD

«Militarización del Ártico»

El océano Glacial Ártico se extiende sobre una superficie de 14.056.000 metros cuadrados en los cuáles existen numerosos recursos naturales  -sobretodo hidrocarburos-, rutas marítimas, enclaves estratégicos e intereses medioambientales. Está rodeado  por superficies terrestres de América del Norte, Groenlandia, Eurasia y diversas islas; y tiene conexión tanto con el océano Pacífico como con el océano Atlántico.

La Guerra Fría (1947-1991) convirtió en protagonista el Ártico. Innumerables recursos económicos, científicos y militares fueron empleados, tanto por Estados Unidos como por la Unión Soviética, para el dominio de esta zona, considerada de vital importancia logística. Tras este período de enfrentamiento, la actividad militar en la región disminuyó considerablemente, sin nunca llegar a desaparecer. Dando lugar a un espacio para la constitución de nuevos marcos institucionales que facilitaran la cooperación entre los estados ribereños, siendo la constitución del Consejo Ártico el mayor éxito.

En los últimos años se ha producido un aumento en el número tanto de intereses como de interesados sobre la región. Además de que varios países, especialmente los conocidos como Artic Five  (Dinamarca, Estados Unidos, Canadá, Rusia y Noruega), han aumentado considerablemente su presencia militar en el Ártico. Este establecimiento de unidades militares, así como la inversión en infraestructuras y centros logísticos puede ser muy útil en situaciones de emergencia medioambiental, misiones de búsqueda o rescate en las rutas marítimas árticas (tanto las existentes, como las futuras). Por el momento se ha optado por la cooperación, evitando el conflicto. Pero lo cierto es que nadie garantiza que los intereses, o los medios utilizados para satisfacerlos, puedan cambiar en un futuro no tan lejano.


COMITÉ ECONÓMICO Y SOCIAL (ECOSOC)

«Desafíos demográficos»

De la mano de un cambio generalizado de las pautas de consumo, la globalización trae consigo cambios igualmente importantes en las pautas reproductivas de las sociedades del mundo: en Occidente, estados con tasas de natalidad tradicionalmente estables se enfrentan a la inversión de sus pirámides de población, mientras que los Países en Vías de Desarrollo siguen buscando métodos eficaces con los que permitir a sus ciudadanos salir de la “trampa de la pobreza”, en la que caen como resultado de formar familias demasiado numerosas.

Se mire donde se mire, no hay nación que no se enfrente a ningún desafío de carácter poblacional, y no cabe duda de que las políticas tradicionales, desde la de “hijo único” hasta los “cheques bebé” no bastarán para resolver el problema ni estarán a la altura de la crítica opinión pública.

Para complicar aún más la situación, la emergencia y auge de movimientos de aislamiento, secesión o incluso xenófobos en distintos países del mundo puede limitar en el medio plazo los movimientos migratorios, que han sido hasta ahora un parche en un problema que hoy se revela sistémico.

Del Comité Económico y Social depende encontrar puntos de vista comunes, que unan a los países del mundo para que sean capaces de encontrar soluciones, apoyándose los unos en los otros, de tal modo que el crecimiento económico global y el bienestar de los pueblos pueda seguir creciendo a un ritmo sostenido. La alternativa, que conllevaría la excesiva acumulación de capitales en los países desarrollados, el estancamiento de las economías superpobladas y el vaciado demográfico de áreas de gran interés medioambiental, se presenta como una distopía de la que será mejor protegerse y huir. 


COMITÉ DE DERECHOS HUMANOS (CDH)

«Situación en América Latina»

A medida que las sociedades se desarrollan, nace la conciencia del sufrimiento colectivo. Surge la idea de que el pueblo es víctima de sus propios gobernantes (elegidos democráticamente, en muchas ocasiones), y donde no se alzan voces de protesta, lo hacen llamadas de atención hacia países más o menos lejanos donde éstas protestan se reprimen de forma sistemática.

Ciertamente, ninguna sociedad es perfecta, y sería inútil pretender lo contrario. Sin embargo, el deterioro generalizado que se ha producido a nivel de derechos humanos en la región de América Latina es ciertamente llamativo. Y no se trata únicamente de que las cifras muestren tasas de delincuencia exorbitantes, crisis financieras o el empeoramiento de las condiciones de vida. Mucho más allá de todo ello, los ciudadanos se alzan y se manifiestan contra las gestiones de sus gobiernos, no solo clamando por las reformas, sino protestando por las vulneraciones sistemáticas de sus derechos fundamentales.

Dado el papel estratégico de América Latina en cuanto a su posición, sus características demográficas y la cantidad de recursos naturales de que dispone la región, hoy se hace imprescindible que los líderes mundiales demuestren que no gobiernan para quienes se benefician de la inseguridad jurídica ni para quienes se enriquecen con la destrucción del medioambiente, sino para la base de ciudadanos que sostienen la pirámide del sistema productivo.